Joven Cirujano


CARTA A UN JOVEN CIRUJANO:

Mi querido amigo:

Tus últimas noticias me han convencido de que estás en el buen camino. Tu incorporación al hospital es un paso importante. Creo que en nuestro país, dadas las condiciones actuales, la asistencia médica en hospitales sigue teniendo vigencia; sirve a la salud del paciente, contribuye a la formación moral y ética del profesional y satisface plenamente a la conciencia del médico por vocación. Recuerdo siempre que uno de mis maestros decía: "Ningún honor supera a aquel del primer día en el cual fuimos responsables de un enfermo, de un hombre, de una mujer, de un niño, a quienes no nos ligaba ningún interés material. Este privilegio abrumador -la confianza que un ser nos otorga- es nuestra carga y nuestra grandeza".
La dignidad y el altruismo han caracterizado al cirujano de todos los tiempos y de todas las latitudes En el siglo XVI Ambrosio Paré fue el cirujano que más hizo por transformar una cirugía bárbara y primitiva en otra más inteligente y humanizada Entre otros procedimiento, como factor de hemostasia, sustituyó el hierro al rojo por la simple ligadura vascular.
Quiero recordarte un episodio: cuando Enrique II, Rey de Francia, convocó a Ambrosio Paré para que lo asistiera de sus heridas, los cortesanos le impusieron una condición muy precisa: que advirtiera con claridad que trataba a un rey y no a esos pobres del hospital por los cuales el cirujano mostraba tanta simpatía y afecto. La adaptación fue muy sencilla puesto que, tal como respondió Ambrosio Paré, él trataba a los pobres del hospital como si fueran reyes.
Y bien, esfuérzate en ser útil a tus enfermos, dedícales tiempo, paciencia, cordialidad y respeto.
Trabaja y estudia.
No esperes que "las condiciones estén dadas", en países como el nuestro parecería que nunca fueran a estar dadas las condiciones; la situación más favorable será, quizá, vivir un ambiente al que no hayan penetrado aún la indiferencia y el escepticismo.
Recuerda que países como el nuestro marchan gracias a las personas que tienen iniciativa y ganas de trabajar, que vencen los obstáculos y a quienes la rémora no los detiene.
¿No sabes acaso, que en algunos hospitales hay tareas que no se realizan por falta de elementos esenciales?
Estos puntos de partida son conocidos. Descártalos; que no te venzan. Trata de mejorar todo esto y sigue con lo tuyo, que también es aquello.
Los obstáculos de todos los días no pueden desmoronar a un hombre bien plantado que quiere cumplir con la sociedad en la que vive y con el destino que se ha trazado.
Eres un hombre que desea vivir una vida comprometida, plena de realizaciones, una vida haciendo cosas positivas.
Los caminos por seguir pueden parecer duros, pero son posibles. Pinta con tus manos las paredes del hospital. Solicita con energía elementos esenciales. Abruma con tus exigencias. No te conformes. Pon el cuerpo y el alma para que los problemas se solucionen.
Además de trabajar, estudiar y luchar para organizar un ambiente asistencial digno, te debes imponer la realización de trabajos científicos originales, modestos trabajos originales producto de tus estudios y tus observaciones. Y recuerda lo importante que es la continuidad en la tarea y en tus inquietudes.
Trabaja con energía, sin tregua, con fiereza. Te repetiría el consejo que Rodin daba a sus discípulos: Cumplid vuestra tarea como honrados obreros. Ejercitaos sin desmayo. Es preciso extenuarse en el oficio.
Lleva a cabo todas tus acciones quirúrgicas con la máxima atención, con la mayor preocupación como si las hicieras en tu propia carne.
Es posible que nunca sean reconocidos ni gratificados tus desvelos. Tampoco debes esperarlo. Encuentra la recompensa dentro de ti mismo.
Construye hacia adentro y lograrás sobriedad y fortaleza. Si pasas revista a todo lo que aparenta ser de éxito en la sociedad de estos días, verás que predomina lo bando, lo superfluo, los valores manejados por la promoción organizada y que constituyen sólo la codicia de los mediocres.
Y cuando te sientas solo, desconocido y abandonado, piensa que detrás de ti estamos algunos de los que contribuimos a tu formación y muchos más, quizá todo un pueblo, que está esperando de tu esfuerzo de tu vocación y de tu honradez.
Valora lo que realizas. Calladamente pero valóralo. Salvar la situación aguda de un enfermo en un lejano pueblo de la Patagonia o de La Quiaca satisface y tiene más valor que la más compleja operación efectuada en una gran capital.
En tu última carta me planteas algunos problemas económicos. Considero que también son importantes. Pero de eso sé muy poco. Debes pedir consejo a personas versadas en el tema. Te diría, sin embargo, que cuando un hombre sensible pasa revista a sus recuerdos, descubre que los mejores momentos de su vida no le fueron proporcionados por bienes materiales.
En nuestras conversaciones siempre hemos reconocido que los bienes más hermosos que ofrece la vida están cerca, al alcance de la mano: la familia, los amigos, el paisaje, la música, la literatura, el arte, la poesía, los frutos del trabajo gustoso. Pero para gozar de esos bienes hay que preparar el espíritu con tiempo; prepárate desde ahora que eres joven. Recuerda que las metas que se alcanzan son importantes, aunque no tan hermosas como los caminos que conducen a ellas.
Abre tu sensibilidad, entonces, a otras inquietudes. En una época como la actual, en que se ha endurecido el corazón del mundo, alertar el espíritu te permitirá descubrir que aun en la más alta cuesta de los años, el rumor de la brisa entre los álamos y una fugaz lluvia de verano son pequeñeces que pueden alentar al hombre.
Recibe un abrazo.

Dr. Rodolfo Cosentino
1900 – La Plata. ARGENTINA

FUENTE : Revista Tiempo de Previsión N* 13